Comas y Punto

Comas y Punto

Una juerga sin límites al extremo norte de la ciudad

El busto inflexible de Túpac Amaru II, en medio de la acelerada autopista del mismo nombre, anuncia que hemos dejado el deslucido barrio de Tahuantinsuyo y ahora entramos a los dominios de Comas, un distrito, casi otra ciudad, que huele a discotecas, música techno y noches de ambiente. Aunque también a pollos Roky's.

Este vecindario de los extramuros limeños ya no es el pueblo joven de antaño. En la ruta se alzan enormes supermercados, se aprecia el gran teatro de la UNI y sucursales de clínicas fichas como Ricardo Palma y San Pablo. Se nota el empuje de un barrio cuyos habitantes se sienten parte de una moderna clase media, aunque no vivan en Miraflores sino en las faldas de un cerro.

Comas se divide en dos partes que pugnan por dividirse como el agua y el aceite: a la izquierda los cerros, iluminados como un bosque de luciérnagas, y, a la derecha, el llano urbano, con la banda caliente de la Túpac separando ambos mundos.

En los cerros se fundó el distrito a partir de las sonadas invasiones de hace medio siglo. Y, en el llano, donde hubo chacras, creció una extensa retacería de urbanizaciones modernas con los más variados nombres. En una de ellas, El Retablo, se encuentra el ya célebre Boulevard de Comas, cachosamente conocido como La calle de las pizzas, aunque lo que se oferte en realidad sean anticuchos y hamburguesas.

Comas y PuntoEl tamaño importa

Y este boulevard de apenas una sola, larga y fragmentada calle que empieza en la cuadra 15 de Universitaria, es un espectáculo de luces y bullaranga seis días a la semana. Definitivamente, éste no es un lugar para buscar estatus, sino puntual diversión. Los neones y faros iluminan una calle atestada de muchachos, taxis y negocios oportunistas. Aquí se apiña una de las mayores concentraciones de lugares de diversión por metro cuadrado de la capital y prosperan las discotecas más grandes, masivas y modernas.

 

Quienes vienen de lugares tan remotos como Miraflores, Surco y La Molina no dejan de sorprenderse con el tamaño y tecnología de megadiscos como Kápital, Muelle Inn y la cercana Calle 8, que levanta sus tres pisos en la cuadra 10 de la Túpac Amaru, no muy lejos de la comisaría de Comas y la oreja atenta de sus efectivos. Si usted llegó a pisar la extinta Mamut pues no conoce nada aún. Meta el cuerpo en uno de estos locales y verá una marea humana danzando fuera de sí en las pistas de baile azotadas por rápidos baldazos de luz. En sus enormes escenarios se mueven afanosos animadores cuya misión es impedir el decaimiento de la diversión. Razas, edades, sexos y demás credos se mezclan en una fiesta tecno cuya variedad quizá sea el principal atractivo. 

Esta pluralidad se vive, sobre todo, en los llamados "lunes de ambiente", una promoción que sólo podría prosperar en un barrio de mente abierta como éste. Muchos curiosos llegan como moscas a la miel. Los entendidos dicen que así serán las discos del futuro, espacios donde todas las opciones converjan en una gran fiesta plurisexual, sin importar mucho que quién esté diviertiéndose al costado sea uno de los gays de la farándula local. 

Las drag queens muestran pestañas, plumas y otras galas, muy correctas ellas fungiendo de anfitrionas de la casa o cruzadas de piernas en sus mesas reservadas, no muy lejos de convencionales grupos de chicos con sus enamoradas, gavillas de señoritas en búsqueda de amistades y parejitas de gays con bigote y pinta de motociclistas o de funcionarios bancarios.

Comas y PuntoDiversión segura

Pero los días más concurridos son los viernes y sábados. Los locales preparan sus mejores shows: orquestas salseras, artistas consagrados, ídolos del criollismo y mucha música bailable. Sólo Kápital, la disco de moda, registra cada sábado una asistencia de 2800 consumidores. Los administradores de estos locales se rompen la cabeza ideando promociones para atraer más público: los jueves algunos regalan tortas a los cumpleañeros, los domingos hay festivales de rock y los miércoles, grupos de tecnocumbia. Pronto habrá un día dedicado al trance.

La seguridad está a cargo de musculosos muchachones en polo, capaces de desactivar el menor conato de bronca en contados segundos. Las jarras de cerveza, los tragos cortos y los cigarritos llegan en manos de raudos mozos, quienes, en ocasiones especiales, dejan por un momento las fuentes y se despachan un numerito erótico donde pierden algunas prendas. En estos locales se desenvuelve el juvenil movimiento hip-hop peruano, muchachos que abrillantan el piso a punta de incontables giros de breakdance, y DJs que mezclan discos y aceleran ritmos en sus cabinas de cristal.

Muchas parejas tienen aquí excelentes lugares para resguardar su amorío o, en todo caso, vivir momentos románticos en un ambiente de complicidad. Y no lo decimos, por si acaso, por los modernos hostales que se erigen aquí, sino por discotecas para parejas como La Roca (penumbroso y bien atendido), Congo (excelentemente decorado como cabaña africana) y Ghost, la disco más antigua y exclusiva de la zona.

Si quiere echarse una partida de billas, de ping pong o simplemente busca otra opción para tomarse una cerveza, vaya al Retablo Park, una enorme feria de diversiones y salón de baile, aún incipiente, pero bien atendida.

No está demás revelar que, frente a las grandes discos, abundan los clubes para caballeros solitarios. Si no tiene cuidado, grupillos de ruquitas demasiado arregladas lo conducirán casi secuestrado dentro de locales cavernosos cuyos nombres (Secretos, Noa Noa, Sirenas, Kueros, etc.) no garantizan nada decente. 

De hecho, los vecinos suelen quejarse no solo de estas boites, sino también del ruido tonero que emana de la zona. Funcionarios municipales de Comas señalaron que la droga también empieza a correr en este predio.

Si después de todo este trajín, tiene un hambre endemoniado, sepa que restaurantes como Pastipizza y una serie de enormes anticucherías atienden sin pestañear hasta las siete de la mañana. Hora de tomar cualquiera de los infaltables taxis, rumbo a casita.

Comas y PuntoBaile sin Límites

Ellos andan desaliñados, los pantalones muy flojos, la gorra torcida y una barbita en ciernes que jalan con cierta ansiedad. Compran un chicle, un halls, un par de cigarritos. Nadie que los vea creería que son expertos bailarines de salón. Tal vez sea su ambiente tolerante o esa atmósfera de caverna cosmopolita lo que ha hecho de las gigantes discotecas del cono norte lugares donde se agita una entusiasta camada de danzantes aficionados. Unos se sienten bien como bailarines hip-hop, adictos a los ritmos electrónicos y a las ametrallantes percusiones digitales. Otros prefieren el baile coreográfico, ejercitando el jazz contemporáneo o la música disco actualizada de las grandes divas. Y aunque a veces unos y otros se miran con distante respeto y hasta recelo, lo cierto es que en pocos lugares de Lima los jóvenes con aficiones dancísticas pueden manifestar su arte sin sentir que hacen el ridículo, sin percibir un murmullo chacotero a sus espaldas. En Comas, cada quien hace lo suyo. Y si lo hace bien, entonces mejor.

Comas y PuntoPalabras sobran

La cantidad de grupos es indeterminada, pero los que nunca faltan en las pistas lustrosas son New People, Magic Rapper, Master Boys, The Creation, Destroyer Danzing. La mayoría prefiere los duelos de piso, extravagantes contorsiones, giros de espalda, pasos robóticos, saltos mortales, movimientos nacidos en los años ochenta que en estos salones cobran nuevos significados. Su energía queda expresada en las palabras de Frank, rapero de dieciocho años: "Cuando bailo siento que soy joven, ágil y que mi baile me distingue de los demás, de otras generaciones". También, aunque él no lo diga, la danza suele cifrar el deseo de fuga de una realidad demasiado ruin para vivirla.

Los chicos del Movimiento Hip-hop peruano suelen retarse aquí. No sólo lo hacen en el parque central de Miraflores. No crea que todos los adolescentes son delgados, como cordeles para colgar camisas. Los hay bastante subidos de peso, pero todos exhiben una agilidad tersa y un rebote consistente, que explican la cantidad de admiradores que se agrupa para verlos y aplaudirlos en las locetas o escenarios del Kápital, Muelle Inn, Calle 8, entre otros antros del sano vicio juerguero. No es raro que los maestros de ceremonia convoquen a rápidos concursos de habilidad en escena. Como mínimo veinte muchachos responden al llamado, solos o con sus grupos. Entre tantas zapatillas pateando el aire es difícil dictaminar un ganador.

Comas y PuntoImágenes verdaderas

Uno de los conjuntos que pertenece a la facción coreográfica, pero con un sello más profesional, digamos, es Imágenes, que dirige el diseñador gráfico Jorge Alfaro Garibay, de 35 años. Este grupo lleva más de quince años en escena, desde que el propio Jorge lo integrara. Entonces era la época de las coreografías de Michael Jackson y Madonna y se bailaba en las discos del centro y en los concursos de televisión. Los actuales miembros (César, Edgardo, Rosa, Gino, por citar algunos) son diez chicos y chicas de San Martín de Porras cuyas edades van de los veinte a los veintidós años. Se toman su hobby tan en serio que asisten a clases de danza clásica en una universidad estatal. Sus referentes son Paula Abdul, Jeanette Jackson y hasta Chayanne. A diferencia de los otros dancers, arriba citados, ellos apelan al look y el vestuario parejos y a una coreografía que tiene su mayor virtud en la sincronización de pasos y en los detalles expresivos tomados con papel carbón de algunos videos. No es raro que el propio Jorge, cuando algún bailarín falte para cumplir un contrato, integre el colectivo. Sus elasticidad compensa con creces su fisonomía, más bien de tío, como él mismo dice. Él y sus muchachos estudian juntos la última coreografía de Michael Jackson, "Ghost", otro tema de horror post "Thriller", que Imágenes espera estrenar en algún local limeño para la noche propicia de Halloween. Sus años en la danza le han dado una filosofía que puede servir para cualquiera: No preocuparse por los propios errores sino por ser cada vez mejor. Lo dice por la racha de envidia que suele emanar del ambiente dance. Con envidia o sin ella, las noches del cono norte lo esperan para gozar de sus bailarines tribales, desinhibidos chicos manifestando un arte que es también una metáfora movediza de la nueva Lima.

 


Escribe: Luis Miranda
Fotos: Max Cabello
Originalmente publicado en decajon.com. Derechos reservados: decajon.com